lunes, 1 de diciembre de 2014

Cuando el alma canta lo que el corazón siente...

Mañana se cumplen tres años de la partida de mi padre a un mundo desconocido, donde lo esperaban mi madre y mi hermano. He soñado con ese reencuentro, y lo he vivido de tal forma, que tengo la certeza que nuevamente están reunidos, en un punto indeterminado, donde reina la paz, la tranquilidad, la armonía, y desde donde velan por quienes nos quedamos atrás en ese camino final. Algún día estaremos todos juntos otra vez, cuando el Tren de la Vida no nos brinde más opción que embarcarnos.

Desde hace 3 años, 36 meses, 144 semanas y 1.095 días, Periscopio ha estado en silencio, durmiendo la gloria que brindaba para sí las carcajadas de su autor. No pretendo imitarlo, porque si hay algo que él nos enseñó desde muy temprana edad, es que cada uno de nosotros es único e irrepetible, autónomo e independiente. Además, pretenderlo, sería un exabrupto de mi parte, porque aunque siento que soy la que más se parece a él de los que somos la prolongación de su vida, me falta mucho para igualarlo en libertades, capacidades y virtudes. Es más, creo que jamás lo lograré, aunque me esfuerzo por seguir los lineamientos y enseñanzas que durante 45 años me inculcó...

Pero no por ello voy a dejar de rendirle tributo a su memoria, escribiendo bajo el nombre de "Periscopio", el que por derecho propio me pertenece, sabiendo que esta decisión lo llenaría de orgullo, al punto de hinchar su pecho y soltar una que otra lágrima. Y es que él era así, fuerte como un roble y frágil como una flor.

Por hoy sólo esto, anticipar a quien pueda interesarle, que vamos a escribir columnas semanales en este blog, y si algún medio se anima a publicar lo escrito como columna de opinión, bienvenido será.

muma .·.

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